Hace ya unos años, increíblemente, una gran parte del psicoanálisis que está teniendo alto alcance en las redes se convirtió (el sentido común de esta era post-moderna, post-verdad y post del post) o en no poder dejar de arrastrarse, por un lado, o terminar con mensajes ofuscados para generar asuntos conmovedores por el otro.
Gabriel García Márquez decía que el ultimo oficio que le quedaba a las universidades por robar es el de las prostitutas ya que el anteúltimo que quedaba, el del periodismo hecho en los bares, fue cooptado.
El Dr.
Chinaski trajo de la manera más inteligente el cómo invertir el discurso del
psicoanálisis en una pornografía indirecta acorde a este siglo XXI:
sensualizar(se) y sexualizarlo cada vez que trata de dar con alguna chance a
los conceptos tan abordados y teorizados de uno de los pensamientos más determinantes
que dieron inicio al siglo XX.
Lo más
terrible es que no es una perversión inocente, sino algo sistematizado en la
sensualidad del discurso; gozar(se) frente y para otros a la hora de abordar
cada tema, cada oración, cada hipótesis. En cada una de sus frases las vocales
finales las termina estirando de una manera para nada inocente, poniendo su
pechito peludo en primer plano con su camisa un poquitín abierta dándonos
siempre su paisaje más soñado; la psico-sensualidad programada. Como un replicante
a lo Blade Runner, pero que en este caso los esclavos del placer para su antojo
narcisista siempre terminaran siendo sus oyentes.
¿O acaso
pensaron que la pintura que tiene en su despacho con Freud imitando la famosa
pose sensual de Leo Matiolli (rosa en mano y camisa entreabierta sudando) tan
característica del bailantero es una casualidad? Puso a Freud porque, claro,
sino se hubiese puesto a el mismo. Aunque eso no hace falta… ¿Quién necesita hoy
una foto cuando el mismo ya está construyendo su nicho psico-sensual (¡usando y
abusando del psicoanálisis como excusa, pero claro!) en cada stream donde
aparece.
No pretendo
hacer purismo académico(en un punto también termina siendo detestable),pero empezar a prostituir
de una manera muy indirecta otra carrera académica (quizás una de las pocas que
quedaban en el último clavo sobre un ataúd pensante de este siglo) en donde el
sujeto al que debe tenerse como protagonista inicial del sufrimiento por el
cual acude a esta rama, es al que se termina dejando en segundo plano, para que
este personaje pueda explayarse en su goce de vocales finales estiradas, musicalidad impostada, vestimenta acorde a lo
que predica y unos fanáticos en la materia calcados y llevados hacia un tecno-psicoanálisis
en donde, para su suerte, todo termina encajando.
Seguimos, todavía, dando por hecho desde nuestros preceptos de una "pureza" universitaria, que no pueden haber intenciones de manipulación y que el discurso sea llevado a donde cada profesional desee. Aunque realmente nada impide que esa posición de poder de los profesionales de la salud les de la libertad de hacerlo. Sobre todo en los tiempos que corren, la tentación se há convertido en una legalidad latente. La búsqueda de fieles sin iglesia es la característica de este tipo de personajes.
Esto, incluso, hace que relegemos en ponerle un manto de elegancia hasta en la mirada repetitiva, siempre manchada con el lente de la nostalgia (usada por sus entrevistados, a mi gusto ya de una manera grotesca) y la melancolía de Rolon hoy parecen mucho más noble e inocente al lado de este producto fruto de los tiempos que corren.
Las instituciones que trabajan con una mirada psicoanalítica pero respetando al sujeto ( y sus subjetividades), donde al mismo tiempo el paciente debe ser lo más importante, es algo que Chinaski debería prestarle algo de atención, lejos del ojo de la cámara donde el trabajo subterráneo no tiene nada que ver con decir frases de otros constantemente aludiendo a la curiosa (pero para nada oculta) forma en donde siempre resalta la figura del padre en cuanto al discurso que brinda, pero que (oh, casualidad) jamás toma la palabra como suya en función de sus propias ideas y que pueda darlas para que la conozcamos. ¿Llamativo no?
El
psicoanálisis que pregona Chinaski es un shot rápido de psico-goces altaneros;
como quien vuelve a tomar de una manera patética a los 50 años esas bebidas de
la juventud pretendiendo los mismos resultados: Queriendo respuestas rápidas de
10 minutos a procesos que, sin mencionar lo doloroso que esto puede resultar
para el paciente e incluso con algo de suerte de la mano, pueden llevar años.
Y tampoco nos olvidemos como vende su vino, llamado de una manera casi masturbatoria: EL psicoanalista.Ya ni siquiera pudo haber puesto UN psicoanalista. No. El, es EL psicoanalista en donde todos beberemos de su “brebaje íntimo” (y acá pueden poner las interpretaciones que más les divierta hacer).
Hoy nada es inocente. Pero prefiero quedarme con un agudo comentario de un usuario en uno de sus tantos reels que pudo captar, al menos en parte, lo que en realidad quería a fin de cuentas este nuevo personaje del psicoanálisis del momento para ser admirado en cada lugar: “Ningún músico quiere ser jamás psicoanalista….siempre es al revés.”
Le aconsejaría a Chinaski que, dado el tiempo y los espacios que le dan siempre, pueda usar su pornografía sensual del discurso en el arte en vez del ámbito de salud donde se maneja. De hecho, tenemos ejemplos notorios en el arte donde sensualizar algo no es pecado.
Pero claro. Me olvidaba de lo más importante que, ya hace
muchos años, lo había dicho Alejandro Dolina: El amor, al igual que el arte, simplemente
sucede… o no
