¿Acaso no es eso lo que está pasando hace ya bastantes años en nuestra comunicación? ¿No estamos ya sumidos en un estado de coma -en linea- pero nunca disponibles?
Ya hace mucho tiempo que la legitimización terminó siendo digital y ya no real: si fuimos a algún lado de importancia para nosotros y lo visitamos no basta ya con contarlo. La oralidad ha perdido su rumbo hace tiempo por que debe anclarse a la fuerza en este océano de digitalidad.
¿Después de todo no es eso lo que anhelamos: terminar de preguntarle cosas a un otro? ¿En realidad no queremos escuchar solamente una voz? Entonces, ¿en que nos diferencia, por ejemplo, esta critica a la otra, en donde la superioridad musical a la hora de calificar géneros como el reggaetón (un emisor que solamente le brinda palabras a un receptor donde este último escucha y no responde) nos pone en un escalón más arriba en cuanto a algún tipo de buen o mal gusto? El que escucha, en definitiva, está siendo hablado por un otro que, lejos de la musicalidad, solamente es un hablante.
Mas allá de que este sea solo un ejemplo en lo musical, la voz - y su mensaje receptivo- se está desplazando hacia algo que es el eco de una voz real, ¿Que significa sino, a fin de cuentas, el terminar buscando las mismas respuestas, donde lo único que desea el hombre desde que obtuvo la conciencia es saberse y tener el poder de explicarse el por que de sí mismo?
Las nuevas tecnologías a partir de la primera década de este siglo XXI pueden ser una herramienta más para tratar de entender lo inaudito de la existencia -y puedo ser comprensivamente odioso con el signo de mis tiempos-, pero creo de una manera casi inocente que la oralidad tiene (y debe) poder justificarse en la mayoría de los casos con su presencia.
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